INTRODUCCION
Hay un
principio en derecho Romano que establece los actos futuros de la siguiente
forma: “ Existe un día cierto de si, e incierto del cuando”; nos sirve de ejemplo con respecto a la
muerte, nunca pensamos en ella pero está presente, la palpamos como
experiencias de otro, el muerto, muerto esta y ni recuerdo queda de él; vemos el cuerpo inerte de otro, el ya no
siente nada, al escapársele el último aliento yace plácidamente, analizamos la
última expresión de su rostro, y sentimos miedo, quizá pensamos que nunca nos
pasará algo parecido, por nuestra mente pasa un sinnúmero de ideas, ¿ Quién
soy?, ¿ De dónde vengo?, ¿Hacia dónde voy?, son unas de tantas interrogantes
que se nos presentan, ¿Hay vida después
de la vida?, o todo termina al exhalar el último aliento.
¿Que
pasa después de la muerte?, ¿Existe el alma?, la cual transita de un cuerpo a
otro, o viaja a un mundo desconocido llamado simplemente el más allá, en donde
nuestro espíritu tiene su última morada, ¿o nuestra alma va y viene por no
encontrar el descanso eterno?, este tema lo interpretamos de mil maneras.
Desde
nuestra tierna infancia escuchamos mil y una historia relacionadas con fantasmas, animas en pena,
almas atormentadas que vivieron presas en cuerpos débiles, estos relatos se
hacen más amenos e intrigantes cuando los
escuchamos por la noche, como tema de sobremesa, o alrededor de una
fogata en un día de campo, a propósito de un rechinido de puerta, las sombras
de los arboles que dibujan seres fantasmales, el ladrido de un perro, el vuelo
de un pájaro, la luna llena, el brillo de una sortija de oro, o el aullido de
un coyote, estos acontecimientos nos dan pauta para recordar una anécdota o el
escalofriante, cuento de fantasmas o aparecidos, que regresan del más
allá, y vagan sus almas en pena, atormentadas por las pasiones que vivieron en vida como: la
codicia, envidia, celos, ambiciones, venganza, avaricia, amor, deseo pasional y
el odio.
En
nuestra alucinación montamos una escenografía entre luz y sombras, con sol y
luna, entre el día y la noche, nos llenamos de valor y miedos, esos miedos a lo
desconocido, a la muerte que nos consume y nos hace temblar pero al fin al cabo no podemos evitar lo inevitable, la
muerte; en nuestra imaginación teatral
evocamos la brujería, adivinación y los instrumentos para conjurar o ahuyentar
a los buenos o malos espíritus: agua,
animales, fuego, velas , perfumes, barajas, sal ceniza, huevos, hierbas
alucinógenas y el mortero o el cazo para preparar todo tipo de brebajes;
piedras, joyas, pero sobre todo, nunca
puede faltar el copal, incienso, tabaco y mucha ingenuidad para creer y pensar
en el objeto de nuestra imaginación convertido en imágenes permanentes que nos
atormentan en esta y la otra vida, por lo que recomiendo dejemos a nuestros muertos descansar entre los muertos.
El autor.
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