Sucedió por 1950
Las campanas de la iglesia sonaban a lo lejos con un tono grave que acentuaba más la tristeza de la familia de Teresa quien acababa de fallecer, el féretro era cargado por cuatro hombres de complexión corpulenta entre ellos su esposo, el cortejo fúnebre avanzaba a paso lento, cada uno de los acompañantes iban ensimismados en sus pensamientos; cuando llegaron a la tumba familiar especialmente preparada para recibir el cuerpo de la difunta, depositaron el cuerpo a un lado para que los acompañantes la vieran y le dieran el ultimo adiós, abrieron la tapa del féretro por ultima vez, su rostro se veía apacible, lozano, sereno, nadie creía que estuviera muerta, las alhajas que le había colocado su mamá eran parte de las joyas de la familia, dos aretes, un collar Y un anillo bellamente montados en oro de 18 kilates que acentuaba el rojo oscuro de los rubíes que fueron tallados por un joyero el cual realizo toda una obra de arte con esas hermosas piedras rojas, las que brillaban más cuando recibían los brillantes rayos del sol de esa tarde de julio en plena canícula, con un calor sofocante, cuando Silvestre el esposo de Teresa se acercó a darle el beso de despedida, sus ojos brillaron y se abrieron desmesuradamente al ver aquellas piedras rojas tan hermosas y finamente talladas, las que parecieron brillar y enviar destellos por cada uno de sus lados.
Intrigado me acerqué a ver aquella joven hermosa, por unos segundos me pareció que trato de abrir los ojos, a mis espaldas escuche una tenue voz que me dijo, – avance profe – voltee y vi. A mi amiga Marianela que me indicaba que ya iban a cerrar el féretro para depositarlo en la tumba.
Dí unos cuantos pasos y el personal de la funeraria se dispuso a bajar el cuerpo, Silvestre, el marido de Teresa les indico que no pusieran las losas del primer nivel, que nadamos pusieran la tapa, que el personalmente iría a la mañana siguiente a supervisar la instalación del mausoleo y que pegaran con cemento blanco la losa de arriba, y les entrego una bolsa que contenía yeso en lugar de cemento, a lo que los albañiles le dijeron a Silvestre que eso no era cemento que era yeso, y este les contesto – como quiera pega, pónganselo- y a regañadientes los albañiles prepararon el yeso y pegaron la tapa de cemento.
Seguí en compañía de mi amiga Marianela y le pregunte:
- De que murió la joven-
- Y ella me contesto
- Dice la familia que de un ataque del corazón –
-Y quien es el marido, ¿de donde salio?
- Marianela me contesto, -no se, parece que es un ingeniero que vino a construir la carretera Reynosa a Matamoros, se conocieron y de pronto se casaron, pero se rumora que es un ambicioso, que se caso por el dinero de la muchacha-.
- ¿Y si es muy ambicioso porque le dejo esas joyas tan hermosas?
- Mi amiga me contesto – no son de él, son de la mamá de ella, tú crees que se las hubiera dejado si ni siquiera trabaja, la muchacha lo mantenía, ¿no viste como le brillaban los ojos cuando se acerco a darle el último beso?
- Si verdad - Medio intrigado le conteste – que suerte tienen algunos, ahora va a pelear hasta la herencia de la muchacha –
- Tú crees que no, el tiempo lo dirá, nos vemos - y todos nos dispusimos a abandonar el panteón.
- Iba caminando hacia la salida del panteón, ensimismado en mis pensamientos, aun tenia la impresión de haber visto que los ojos de la difunta se movían debajo de los parpados y yo solo me preguntaba y me contestaba
- ¿Y si estaba viva?
- ¿Sufriría un ataque de Catalepsia, y estaba viva?
- ¡Si yo la vi. como que movía los ojos por debajo de los parpados!
- ¿Si digo algo, y se ofende la familia? , y me creen loco por toda mi vida.
- Seguí caminando con la mirada hacia el piso, y mi amiga Marianela me alcanzo y sin más me pregunto: .- ¿te impresiono el sepelio?-
- No, simplemente venia pensando en lo repentino de la muerte, dicen que murió del corazón, pero parecía que estaba viva, como si hubiera padecido un ataque de catalepsia, en el cual la persona yace quieta, en aparente muerte, sin signos vitales, en ocasiones ven y oyen pero no se mueven,¿ te imaginas que agonía?. Te pueden sepultar y en cualquier momento vuelves a la vida, ¿te das cuenta amiga?
- Y me contesto - si verdad, adiós no vemos luego-.
Mientras tanto, Silvestre continuo tenso, con una mirada extraña, no hablaba, se movía como autómata, salio del panteón en forma apresurada, sin hablarle a nadie, sin despedirse, en su mente hiba concibiendo extraños pensamientos.
Esa noche se movía nervioso, inquieto, fumaba cigarro tras cigarro, no apartaba de su mente las joyas colgadas en el cuerpo de la difunta, por fin dieron las cuatro de la mañana, cuando el sueño es más pesado. Tomo una barra y demás herramientas y se dispuso ir la panteón; su ambición por las joyas fue más fuerte que sus remordimientos y pena de haber perdido al ser amado.
La ciudad lucia sola, llego al panteón con los faros del carro apagados, la luna brillaba en todo su esplendor, apresuro el paso y llego a la tumba recién cerrada, con la barra levanto la tapa, y puso un palo para que la sostuviera, se deslizo al interior de la tumba, abrió las tapas del féretro, toco el rostro y llego fácil a las orejas para desprender los aretes, sudaba copiosamente por la emoción de la fortuna que estaba a punto de obtener, metió los aretes a su bolsa, y busco el collar, levanto el cuerpo para quitar el collar del cuello, palpo la joya y creció su emoción, sin prisa lo guardo también y se dispuso a buscar la mano que tenia el anillo con ese enorme rubí, seguía sudando copiosamente, se limpio el sudor de las palmas de las manos en su camisa, y sin prisas busco la mano tocando el brazo, removiendo el cuerpo, y la levanto empezó a acariciar el anillo para sacarlo del dedo, pero el anillo se encontraba bien trabado, muy apretado en el dedo, desesperado, levanto el brazo y jalo la mano y empezó a jalar el anillo y en su desesperación y sin querer movía el cuerpo y masajeaba el brazo y la mano, activando la circulación de la sangre de aquel cuerpo inerte, cuando de repente, despertó la presunta muerta y lanzo un terrible alarido y se abalanzo sobre Silvestre en su desesperación de volver a la vida después de padecer el ataque de catalepsia, este al sentir los brazos de la muerta trato de ponerse de pie lleno de pánico, toco el palo que sostenía la pesada loza, y lo jalo hacia adentro cayendo la lapida y sellándose con el yeso que aun estaba húmedo lo que provoco que no pasara nada de aire, y lleno de pánico luchaba por zafarse de los brazos de su mujer a la que creía muerta y por fin su corazón no aguanto la impresión, y cayo muerto a un lado de su esposa quien volvió a tener otro ataque cardiaco y esta vez si murió de verdad,
Al otro día llegaron hasta la tumba los albañiles, y empezaron a armar el monumento fúnebre, hasta terminarlo, no extrañaron, a Silvestre ya que la familia de la difunta había pagado sus servicios,
Como Silvestre no era de Río Bravo, nadie volvió a saber de el, mucho menos preguntaban y algunos en broma, cuando se referían a él Comentaban a carcajadas ¡Se lo llevo su difunta esposa!. Cumplió su promesa hecha ante el altar : ¡ juntos hasta la muerte!
No hay comentarios:
Publicar un comentario